Creemos en el Espíritu Santo, no como una mera influencia o emanación divina, sino como una persona, quien redarguye al pecador de sus pecados, regenera el corazón del arrepentido, consuela al creyente en sus tribulaciones y reviste de poder a los mensajeros de Dios, equipándoles para el testimonio y el servicio. Cuando Jesucristo ascendió al cielo, nos dejó al Espíritu Santo, para que este con nosotros, sobre nosotros y en nosotros. El es el que establece la unión entre el cielo y la tierra. Entre Dios y los hombres. Es el que da testimonio de nosotros en el cielo y da testimonio de Dios en la tierra. El Espíritu Santo es representado como aceite, en su función de combustible que arde para iluminar. Que está en el Padre y en su Hijo Jesucristo y que ha sido
derramado en la Iglesia, el cuerpo de Cristo. Creemos en el sello, la presencia, el bautismo y el poder del Espíritu Santo. Creemos que los ministerios escogidos por Cristo, y también los dones dados por el Espíritu Santo, son para todos los discípulos, no solo para los apóstoles y profetas de la antigüedad. (Juan 14:16-17 y 16:8-14; Romanos 8:9; Efesios 1:13; hechos 1:5; 1 Corintios 12:8; Zacarias 4)
