La doctrina del Juicio Final es eminentemente bíblica y se encuentra representada con fuerza tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Habrá un juicio final en el que los pecadores muertos serán resucitados y juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo nombre no se halle en el Libro de la Vida, será confinado al Lago de Fuego a sufrir el castigo eterno, que es la muerte segunda, junto con el diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta. Previo a este evento, cuando el milenio de Cristo se haya cumplido, Satanás será suelto de su prisión por breve tiempo y saldrá a engañar nuevamente a las naciones. Las personas que serán objeto de esta actividad satánica son los descendientes de los sobrevivientes de la Tribulación que entraron al Milenio con cuerpos naturales, terrenales, carnales. Y se levantaran contra Dios y el Cordero y se manifestará el día de la ira de Jehová. Fuego descenderá del Cielo y los consumirá. Y Satanás será lanzado definitivamente en el Lago de Fuego. Se han sugerido cuatro razones por las cuales Satanás es puesto en libertad después de mil años: 1) Para demostrar que aún bajo las mejores circunstancias, el hombre en su estado natural caerá en pecado, si se le deja por su propia cuenta. 2) Para demostrar que Dios, quien predice las acciones del hombre, así como las de Él mismo, en realidad sabe todas las cosas antes de que ocurran. 3) Para demostrar la maldad incorregible de Satanás. 4) Para justificar el castigo eterno al cual serán enviados tanto Satanás como todos los impíos. La tierra y el mar que conocemos no existirán más. Dios hará nueva todas las cosas. Y la ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén gobernará, sobre todo, y a ella solo pueden entrar los que están inscritos en el libro de la vida del cordero de Dios. (Apocalipsis 20:7–9.; Mt.25:46; Mar.9:43-48; Ap.19:20 y 20:11-15 y 21:8; 2 Pd.3:13; Ap.21)
